Crónica de una jornada de lealtad

Era miércoles, pero la ciudad latía como un sábado de octubre. Desde temprano, columnas de cientos de personas con banderas, bombos y remeras con la cara de Cristina Fernández de Kirchner comenzaron a poblar las inmediaciones de Plaza de Mayo, y la de Lavalle, frente a Tribunales. Había sido convocada una nueva marcha en su respaldo, tras el fallo de la Corte Suprema que confirmó la sentencia del caso Vialidad, un proceso judicial que en el corazón de gran parte del pueblo peronista no es más que un emblema de la persecución política.

Las organizaciones políticas, sociales y sindicales no tardaron en llegar: con el PJ como columna vertebral, agrupaciones como La Cámpora y Movimiento Derecho al Futuro, el Frente Patria Grande, el partido Frente Grande, sectores del Movimiento Evita, ambas CTA de los Trabajadores y la Autónoma, el SUTNA, la UTEP, entre tantos otros, colmaron "la Plaza". Los carteles no sólo defendían a la ex mandataria; también interpelaban al poder judicial con frases como “Democracia o mafia judicial” y “No es contra Cristina, es contra todos”.

Lo que se vivió en las calles fue mucho más que un acto de militancia: fue un reencuentro del pueblo con su líder. Cristina no estuvo presente físicamente —aunque su presencia sobrevoló cada paso, cada cántico—, pero sí hablaron por ella muchos referentes del campo nacional y popular.




Uno de los primeros en tomar el micrófono fue el gobernador Axel Kicillof, quien pidió “unidad, organización y coraje”, y denunció que “no se trata de una sentencia judicial, sino de una proscripción política disfrazada de institucionalidad”. Luego, la senadora Juliana Di Tullio fue más enfática: “Vinimos a decir que no vamos a permitir que toquen a Cristina. Ella es inocente, y la historia ya lo sabe”. Por su parte, el diputado Máximo Kirchner, cuestionó al actual sistema judicial: “Este es un Gobierno que busca imponer miedo”, y señaló que “la Justicia se maneja como la mafia”.

Y entonces, ocurrió: pasadas las cuatro de la tarde, el sonido se abrió paso en la Plaza de Mayo y alrededores. Como si el eco bajara desde el Cabildo mismo, empezó a escucharse la voz de Cristina, a través de un audio grabado especialmente para la jornada. “No me van a quebrar, porque no estoy sola. Estoy con ustedes”, se la oyó decir con firmeza. “Yo ya elegí: estoy del lado del pueblo, y desde ahí voy a seguir dando la pelea”. El silencio que siguió al primer instante de sorpresa se rompió rápidamente en una ovación ensordecedora. Hubo aplausos, lágrimas, y una marea de celulares levantados intentando registrar ese instante que ya era historia. Cristina, sin estar, lo había dicho todo.

Desde otros rincones del peronismo, los sectores más moderados también se expresaron. El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, si bien evitó confrontar abiertamente con la Corte, advirtió que “en un país con heridas tan profundas, la política y la justicia tienen que tener prudencia institucional y sensibilidad social”. Juan Manuel Urtubey, por su parte, expresó en redes: “No se puede construir democracia con fallos que no garantizan el debido proceso. Podés estar en desacuerdo con Cristina, pero no con las garantías constitucionales”.

Desde el sindicalismo dialoguista, Héctor Daer (CGT) publicó un mensaje llamando a “defender el Estado de Derecho por encima de cualquier diferencia interna”, mientras que Andrés Rodríguez (UPCN) subrayó: “Cuando la política se judicializa, pierde la democracia. Lo de Cristina merece un debate serio, no una condena exprés dictada con cálculo electoral”.




Mientras tanto, en los despachos del Palacio de Tribunales, todo seguía en penumbras. Ningún juez dio la cara, ningún funcionario del poder judicial emitió declaraciones. La Corte, blindada por el artículo 280, seguía dictando silencios y sentencias.

Pasadas las cinco de la tarde, la plaza comenzó a desconcentrarse. Pero la mística quedó flotando en el aire. Los rostros no eran de derrota, sino de determinación. La marcha de este miércoles fue, en definitiva, una declaración política contundente: a Cristina no la van a quebrar, porque detrás de ella hay un pueblo que no olvida, no perdona y no se rinde.


► La pregunta que queda flotando: ¿y ahora?
Entre los pasillos del PJ, algunos ya hablan de esta jornada como un punto de inflexión. La contundencia del respaldo popular, sumada a la presión institucional sobre la figura de Cristina, comenzó a operar como catalizador de una posible reunificación del peronismo, dividido en los últimos años por internas, liderazgos cruzados y estrategias electorales dispares.

Incluso dirigentes tradicionalmente distantes de la conducción kirchnerista comienzan a reconocer que “con Cristina proscripta no hay democracia plena”, y que el peronismo no podrá reconstruirse sin resolver esa ecuación. Fernando Gray, impulsor de una tercera vía dentro del peronismo bonaerense, admitió en off que “hay que pensar en internas amplias, pero con reglas claras y sin exclusiones arbitrarias”.

La presencia transversal del sindicalismo, los movimientos sociales y hasta sectores que habían optado por el silencio en los últimos tiempos sugiere que algo empieza a moverse. Falta mucho para hablar de una unidad orgánica, pero esta marcha sembró algo más que una defensa. Sembró una posibilidad.