DOS URNAS, UNA PASO
Massa quiere primarias y elecciones concurrentes, La Cámpora negocia el calendario junto con la Corte y las reelecciones, y la Liga de Intendentes reclama el sillón de Dardo Rocha. El gobernador, mientras tanto, necesita un solo candidato.
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(Por HUGO MORENO)- Jujuy, viernes, convenios de cooperación firmados con un gobernador radical y una frase que conviene leer con lupa: “Que lo decida la gente”. Axel Kicillof, de gira por el norte en clave electoral, volvió a defender las PASO y fue más allá del enunciado técnico. Las diferencias del peronismo, vino a decir, se dirimen en las urnas, y el empeño oficial por eliminar las primarias tiene menos de reforma institucional que de maniobra: condicionar la organización de la oposición y, de paso, ahorrarle al oficialismo una interna que el propio oficialismo dice no tener. No es un detalle menor que, el mismo día, Martín Menem haya salido a aclarar que en La Libertad Avanza “no hay dos candidatos” a la Presidencia.
El gobernador sumó una idea que excede la discusión del calendario. Un frente político, planteó, no es solo una alianza de partidos: es un tejido de sindicatos, empresarios, estudiantes, productores y economías regionales. Recién después, según su secuencia, llegaría el frente electoral, que podría resolverse en una primaria amplia o en una candidatura de consenso. Reconoció, además, que dentro del peronismo hay coincidencia en el rumbo y diferencias en el cómo. Es una forma elegante de decir lo que todos saben: el peronismo discute menos el destino que el volante.
Las PASO no son un capricho técnico: son la manera de discutir poder sin romper la vajilla.
La discusión tuvo su escena mayor el jueves 22 de octubre, en la Casa de La Pampa. Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner compartieron mesa con los gobernadores Ricardo Quintela, Gildo Insfrán, Sergio Ziliotto y Gustavo Melella, con los jefes de bloque Germán Martínez y José Mayans, con el senador Gerardo Zamora y con Juan Manuel Olmos, titular de la AGN. Salieron con dos acuerdos: sostener las primarias frente a la ofensiva del Gobierno y coordinar una postura parlamentaria sobre el Presupuesto 2027, con reclamos por obra pública, financiamiento universitario, discapacidad y recursos para las provincias golpeadas por El Niño. Hubo una disidencia: Melella se declara contrario a conservarlas. Y hubo un cálculo compartido: según un dirigente de peso del armado, el Gobierno no tiene hoy los votos en el Senado para avanzar.
Conviene mirar la foto con atención a los costados. Massa venía de visitar a Cristina Kirchner en San José 1111 para hablar, entre otras cosas, de las PASO. Facundo Tignanelli, de La Cámpora, cuestionó en un streaming que el espacio del gobernador no tiene un diálogo con la expresidenta desde hace más de un año y, por lo tanto, no se sabe qué proyecto de país propone. El martes, en Lanús, Máximo Kirchner evocó la fragmentación peronista de 2003 como advertencia. El mensaje, leído puertas adentro, es transparente: primero la unidad bajo conducción definida, después los nombres.
Sin primarias, la interna no desaparece: cambia de escenario y pierde árbitro.
Ahí entra Massa, que dejó el bajo perfil y juega fuerte. Desde el entorno del Frente Renovador se informó que su postura es sostener las PASO en la provincia y que las elecciones bonaerenses sean concurrentes con las nacionales, con independencia de lo que ocurra con el proyecto de Milei de eliminarlas. Aseguran, incluso, que hay acuerdo entre los sectores, hablado en las reuniones de la cúpula. Reconocen una trampa: si la elección nacional es con Boleta Única de Papel y la bonaerense con boleta tradicional, habrá dos urnas y no habrá arrastre de una sobre otra. Concurrir, entonces, no es lo mismo que votar “todo junto”. Es votar el mismo día, en cuartos oscuros distintos.
La postura del Gobierno bonaerense es más condicional. Carlos Bianco ratificó que, si las PASO siguen vigentes, no habrá desdoblamiento. En el encuentro del jueves 29 con más de cuarenta intendentes del Movimiento Derecho al Futuro en La Plata, la concurrencia sobrevoló como posibilidad latente, atada a lo que ocurra con las primarias nacionales. Kicillof conserva la potestad de fijar fechas, pero esa potestad está hipotecada por la memoria: en 2025 desdobló y ganó por catorce puntos, y casi cincuenta días después el peronismo perdió por medio punto en la elección nacional. Nadie quiere repetir esa película, y menos con la presidencial en el horizonte.
En esa misma reunión, los intendentes fueron a lo suyo: las reelecciones. Son 81 los jefes comunales que no podrían presentarse en 2027 si no se modifica la Ley 14.836, sancionada en tiempos de María Eugenia Vidal; 52 son peronistas y 28 responden al MDF. Kicillof dijo estar a favor y quiere que se vote antes de fin de año, pero la Legislatura no le asegura mayoría en ninguna de las dos cámaras. El kirchnerismo, por su parte, ya avisó que no negocia un solo tema: quiere que en la misma mesa se hablen las cuatro vacantes de la Suprema Corte bonaerense, el cronograma electoral de 2027 y un proyecto propio sobre apuestas online. Traducido: el calendario, incluida la concurrencia, es moneda de cambio. Un participante de la reunión lo dijo a su manera: la guerra no es contra Máximo ni contra Cristina.
Concurrir es votar el mismo día; desdoblar, ganar tiempo. Lo que no se puede es tenerlo todo.
¿Y La Cámpora? Su historia reciente es la más nítida: en 2025 se opuso al desdoblamiento y empujó por ley las elecciones concurrentes. Hoy, con Cristina Kirchner presa, el sector prioriza un acuerdo amplio con ella como figura de referencia, y supedita las candidaturas a esa construcción. Conviene ser precisos: en las fuentes consultadas no aparece un pronunciamiento camporista explícito sobre PASO para gobernador en 2027. Aparece, en cambio, la insistencia en que el calendario se negocie junto al resto, y el nombre de Mayra Mendoza, intendenta de Quilmes, que no puede ser reelecta y suena para competir.
La Liga de Intendentes, once jefes comunales nacidos en julio, es la cuarta pata del tablero. Sostiene las PASO y reclama que el próximo gobernador surja de la gestión municipal. Mariel Fernández, de Moreno, ya dijo que quiere competir, reconoció que Kicillof es el candidato más fuerte y pidió que se ponga al hombro la estrategia electoral. Hay un dato que incomoda al MDF: algunos intendentes de Kicillof admiten que, en una primaria entre un candidato propio y uno de la Liga, ganaría la Liga. Eso explica el entusiasmo del gobernador y sus alfiles por las PASO, pero también la cautela de quienes las defienden con la boca más que con los números.
Resta el nombre propio. Se ha dicho que Kicillof se inclinaría por Gabriel Katopodis o por Julio Alak. Lo que consta es otra cosa: en el espacio hay seis nombres en danza (Katopodis, Alak, Jorge Ferraresi, Fernando Espinoza, Carlos Bianco y Andrés Larroque); Katopodis y Ferraresi sostienen que debe haber primaria; Espinoza avisó que las candidaturas no se definen en una oficina; y el criterio que repiten las fuentes es que será “el que mida mejor”. La definición, además, no está prevista para este año. Un funcionario lo sintetizó sin rodeos: en Buenos Aires, el gran elector será Axel.
Un gobernador que pide que decida la gente no puede, a la vez, ungir sucesor.
Ahí está el nudo. Kicillof necesita un solo candidato del MDF para no dividir sus votos, pero predica una primaria que, si fuera genuina, lo obligaría a aceptar el veredicto. Si designa antes del voto, la bandera de las PASO pierde fuerza; si no designa, corre el riesgo de que gane otro. Y si además aspira a la Casa Rosada, necesita a Buenos Aires como base sin entregarla en la negociación nacional.
Quizás la lección esté en lo que las primarias dejan al descubierto. Las reglas de juego no son neutrales: favorecen a unos y perjudican a otros, y por eso se pelea tanto por ellas. Detrás de las PASO, del desdoblamiento y de la concurrencia hay una pregunta vieja del peronismo: quién conduce y quién decide. Hasta que se responda, el mecanismo seguirá siendo el verdadero candidato.
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