Por
Hugo Moreno
Editorial | BRADEN RELOADED: BESSENT y MILEI
En tiempos de “libertad avanzada” y política convertida en espectáculo, el Tesoro estadounidense se lleva el papel protagónico. Ramos Padilla defiende la institucionalidad ante las elecciones del 26 de octubre, el Congreso busca recuperar el control de los DNU y Milei se conforma con los aplausos de Washington. La independencia y la soberanía, otra vez en jaque, en pausa.
(SEMANA #41)- Setenta y nueve años después de aquel “Braden o Perón” que marcó el pulso de la política nacional, la Argentina vuelve a vivir una escena similar: el poder extranjero se mete de lleno en la economía, y el gobierno libertario local celebra la intervención como si fuera un triunfo propio. El Tesoro de Estados Unidos compra pesos, Milei aplaude, y la soberanía nacional queda, otra vez, en oferta.
► La vuelta del viejo guión
La historia parece tener una obstinación particular con este país: cada vez que la Argentina intenta recuperar independencia, el poder financiero internacional reaparece para marcarle el camino y siempre lo hace con la mano derecha, o peor aun: lo hace con la derecha que siempre le da una mano.
En 2025, el protagonista ya no es Spruille Braden, aquel embajador norteamericano que conspiró contra el primer peronismo, sino el mismísimo secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, quien defendió el pacto financiero con Argentina; el que destacó el compromiso de Javier Milei para reducir la influencia china en el país y el mismo Bessent que intervino en el mercado argentino comprando pesos y celebrando un “acuerdo estratégico” con el gobierno libertario.

SCOTT BESSENT junto a Luis Caputo
La operación, presentada como un gesto de “confianza” hacia la economía argentina, es en realidad una intervención directa sobre la política monetaria nacional, ejecutada desde Washington.
Una jugada que, bajo la fachada técnica de un “rescate”, supone la pérdida de uno de los pocos instrumentos soberanos que el país aún conservaba: su moneda.
En otras editoriales y notas que compartimos venáimos alertando que este esquema de “auxilios externos” y swaps disfrazados de cooperación es, en realidad, una nueva forma de dependencia estructural, donde la economía local queda subordinada al interés del dólar y a los ritmos de la Reserva Federal.
El Tesoro norteamericano no compra pesos por solidaridad; lo hace para asegurarse de que el experimento libertario no estalle antes de tiempo.
► Un gobierno agradecido y un Estado tutelado
Lejos de resistir esa intromisión, el presidente Milei la celebra. Habla de “alianza estratégica”, de “confianza internacional” y de “libertad de los mercados”, pero lo que en realidad festeja es una rendición política sin condiciones visibles, aunque con consecuencias profundas.
Porque cada dólar que llega con la bandera de Washington trae consigo una cláusula invisible: el control externo sobre la economía, la regulación de los flujos financieros y la subordinación del Estado argentino a intereses ajenos al pueblo.

El propio gesto de que un país extranjero compre pesos para “estabilizar” nuestra moneda es la mejor metáfora del proyecto de Milei: una Argentina que ya no se gobierna a sí misma, sino que terceriza su soberanía en los despachos del Tesoro estadounidense.
► Ramos Padilla y el Congreso: los últimos bastiones
Mientras el frente económico se entrega, en el terreno institucional surgen algunas resistencias concretas. El juez Alejo Ramos Padilla, en un fallo que ya tiene peso político, bloqueó la maniobra del oficialismo para alterar las boletas y la lista bonaerense tras la baja de José Luis Espert, a la espera de si se reimprimen o no con la cara de Diego Santilli.
Con un criterio de legalidad y equidad de género, Ramos Padilla frenó el intento del gobierno de torcer las reglas electorales en beneficio propio.

Su resolución no solo defiende la transparencia del proceso: es una afirmación de soberanía jurídica frente a un poder político que concibe al Estado como un botín, aunque por otro lado, no concibe al Estado, a tal punto que Milei llegó para convertirse en un topo que "vino a destruir al Estado desde adentro".
En paralelo, el Congreso debatió el régimen de los DNU, buscando limitar los poderes del Presidente. Aunque la iniciativa no logró sanción definitiva, el gesto político fue claro: el Parlamento intentó recuperar su papel como contrapeso frente a un Ejecutivo que gobierna por decreto.
En ese recinto, donde conviven tensiones ideológicas y presiones externas, todavía late una idea de república que resiste a la concentración autoritaria del poder; ahora se tendrá que esperar a que el Senado se defina y muestre la misma sintonía que se vio en la Cáma baja.
► El territorio como espejo del malestar
Pero el pulso real de la política no se mide sólo en el Parlamento, mucho menos en los mercados ni en los despachos judiciales. Se mide en las calles, en las plazas, en las rutas que Milei recorre intentando sostener una campaña que ya no entusiasma ni a los propios.
En sus últimas visitas a provincias como Tierra del Fuego, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Chubut y Santa Fe, el presidente fue recibido con cacerolazos, abucheos, protestas sindicales y movilizaciones de estudiantes y organizaciones sociales que le gritaron en la cara lo que las encuestas todavía disfrazan: que el ajuste tiene un límite, y el pueblo no está dispuesto a seguir pagando el precio.

Allí donde Milei buscó mostrar músculo político, encontró el reflejo de una sociedad cansada del tarifazo, del hambre y de la entrega.
Cada visita oficial terminó convertida en un acto de repudio popular, con consignas que recuperan la mística del “No nos vendemos” o el “Fuera el FMI”, esa memoria viva de resistencia que vuelve a florecer cuando el poder se arrodilla ante intereses foráneos.
Los gobernadores —incluso algunos aliados circunstanciales, otros colaboracionistas libertarios— evitaron mostrarse a su lado, conscientes del costo político de respaldar un modelo que profundiza la desigualdad y vacía de contenido la palabra federalismo.
Así, la gira presidencial se convirtió en una serie de escenificaciones controladas, rodeadas de vallas, en las que el “libertario” más poderoso del país habla sólo ante su custodia y las cámaras amigas.
► La Argentina frente al espejo
La compra de pesos por parte de Estados Unidos no es un hecho aislado: es la expresión económica de un sometimiento político. Un país que entrega su moneda, entrega su voz. Y un gobierno que agradece la injerencia extranjera está reconociendo, aunque no lo diga, que ya no confía en la capacidad del propio pueblo para sostener su destino.
Los abucheos que acompañan a Milei en cada provincia no son un detalle: son la voz viva de una Argentina que se resiste a volver a ser colonia.
Una sociedad que, a pesar del ajuste y del miedo, no pierde la conciencia de que la soberanía no se delega, se defiende.
Por eso, lo que está en juego hoy no es un simple swap, ni una lista electoral, ni un decreto presidencial.
Lo que se juega —otra vez— es la posibilidad de tener un Estado soberano.
Y frente a esa encrucijada, el viejo dilema que parecía cosa del pasado vuelve a sonar con fuerza: “Braden o Perón”. O, dicho en versión 2025: Washington o la Patria.