Editorial | SOBRE URNAS Y TUMBAS

Tras el cierre de listas en la provincia de Buenos Aires, el sistema político mostró nuevamente que, más allá de los discursos de cohesión o renovación, las tensiones internas, los liderazgos personalistas y los pactos de coyuntura siguen marcando el pulso de las grandes coaliciones. El peronismo logró una frágil unidad; el oficialismo libertario avanzó con disciplina férrea pero dejó aliados heridos. El territorio bonaerense vuelve a ser campo de disputa real, donde el poder se juega en serio.

(#SEMANA 30)- El cierre de listas en la provincia de Buenos Aires dejó al descubierto no solo los nombres que competirán en septiembre, sino también las fracturas y tensiones latentes en las dos grandes coaliciones que concentran la pulseada electoral. Muy lejos de aquella épica de unidad construida en los discursos, el proceso estuvo marcado por internas cruentas, hermetismo, silencios obligados, operaciones cruzadas y amenazas de ruptura que solo fueron contenidas por el pragmatismo electoral. Como en el ajedrez, los movimientos estuvieron lejos del idealismo: fueron defensivos, obligados y, en muchos casos, impuestos a último momento.

En el campo nacional y popular, la coalición Fuerza Patria, que nuclea al peronismo bonaerense, logró una lista de unidad luego de semanas de negociaciones tensas entre el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) de Axel Kicillof, La Cámpora de Máximo Kirchner, el Frente Renovador de Sergio Massa y un mosaico de intendentes y agrupaciones territoriales y partidos satelitales articulados con el PJ. El acuerdo se selló no por convicción sino por necesidad: todos sabían que la fragmentación podía conducir a una derrota irreparable frente al oficialismo libertario. Sin embargo, la imagen de cohesión es apenas una foto momentánea, la previa de una discusión que se avecina para las elecciones nacionales intermedias que se desarrollarán el 26 de octubre; y si querés ser más futurista: las presidenciales de 2027.



Así, dos secciones electorales de peso específico en la elección bonaerense por su cantidad de electores, lleva candidatos del kicillofismo; mientras que La Cámpora y el cristinismo, se arma mejor en el interior.

La Primera sección electoral: elige ocho senadores, encabezará el ministro de Infraestructura bonaerense, Gabriel Katopodis y lo sigue Malena Galmarini (FR). En laTercera sección encabezará la vicegobernadora Verónica Magario. Para Kicillof su elección es un triunfo en la discusión interna. Sin embargo, el resto de la nómina aparecen nombres de peso de La Cámpora. A Magario la acompañan, el responsable político de La Cámpora en la Provincia y jefe del bloque de diputados de Unión por la Patria, Facundo Tignanelli. Detrás de Tignanelli otro nombre de peso: la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, será la tercera en la lista. Cuarto otro de intendente: Mariano Cascallares, de Almirante Brown. 

Ante este escenario, la gran duda: estaremos frente a candidaturas testimoniales?

Detrás de ese cierre hubo resistencias explícitas. El MDF amagó con competir por fuera si no se respetaban sus propuestas de armado. La Cámpora, por su parte, intentó conservar el control de algunas listas seccionales, desafiando la nueva centralidad del gobernador. Y los intendentes presionaron con boleta corta o fractura local en caso de quedar relegados. Fue necesaria una “comisión de los seis” para administrar las tensiones y evitar que la estructura se hiciera trizas. El caso de Juan Grabois, fuerte crítico del acuerdo, finalmente no competirá con su propio sello desde Patria Grande, a la espera de una resolución a su candidatura nacional. Su ausencia es tal vez el mejor ejemplo de que la unidad alcanzada está más cerca de la lógica del encastre forzado que de una integración real y total de los espacios que se pretende aglutinar.

Del otro lado del tablero, La Libertad Avanza también expuso sus propias grietas en el armado de listas. Karina Milei, erigida como máxima autoridad del partido a nivel nacional, impuso un cierre vertical, excluyente y con fuertes purgas internas. Con lapicera en mano, dejó al sector de las Fuerzas del Cielo, vinculado a Santiago Caputo y promotor del desembarco libertario en redes y distritos, desplazado casi por completo. Solo uno de sus referentes, Nahuel Sotelo, recibió un lugar decorativo en la Tercera sección electoral, en un gesto simbólico que no alcanzó para calmar las críticas.



La hermana del presidente dejó en claro que la “lealtad no es una opción, es una condición”, en alusión directa a los sectores que osaron cuestionar su conducción. A ese disciplinamiento se sumó un PRO visiblemente subordinado, y porque no succionado: aunque integró el frente, fue marginado de la lapicera en el reparto de candidaturas. Varios de sus intendentes, como Pablo Petrecca, abandonaron la alianza y migraron a otros espacios ante lo que consideraron un atropello de LLA a los acuerdos previos. Lejos de una integración paritaria, el cierre reafirmó la lógica de un Mileísmo puro y duro, dispuesto a avanzar sin concesiones incluso al costo de perder aliados territoriales.

Los nombres de Diego Valenzuela, intendente de Tres de Feberero como candidato a Senador por la Primera sección electoral y Guillermo Montenegro para la Quinta, son los nombres más rotulantes del PRO en la "nueva alianza" de un partido amarillo que se transforma en violeta, sin ponerse colorado.

En medio de estas tensiones, emergió una tercera alternativa bajo el nombre Somos Buenos Aires, un acuerdo que reedita aquella "ancha avenida del medio", que agrupa a sectores moderados de la UCR, el socialismo, el GEN y el espacio de Schiaretti-Randazzo. Esta coalición intenta presentarse como una salida racional a la polarización bajo la consigna "ni lertarios, ni kirchneristas", aunque su peso electoral aún es incierto. Lo cierto es que su sola existencia es síntoma de una crisis: tanto el oficialismo nacional como el peronismo opositor están dejando afuera a sectores que no aceptan las reglas impuestas desde arriba.



Aquí los elegidos son ... El tigrense Julio Zamora para la Primera sección y la ex diputada nacional Josefina Mendoza, quien fuera candidata a la Intendencia de La Matanza en 2023.  En la Tercera sección, el diputado Pablo Domenichini, oriundo de Esteban Echeverría, se encamina a su reelección, encabezando la sección de los 19 distritos del conurbano y el tercer cordon del sur bonaerense.  

El Frente de Izquierda presentó sus caras de peso: Nicolás del Caño en la Tercera Sección, y Romina Del Plá en la Primera, y fue el primer espacio político en presentar el sábado al mediodía la totalidad de sus listas.

Si bien se habla de un Frente, la izquierda no deja de atomizarse: el partido Nuevo MAS también presentó sus listas para competir en los comicios bonaerenses, postulando al dirigente Juan Cruz Ramat para la Tercera Sección Electoral y al docente Lucas Correa para la Primera.

El cierre de listas, en definitiva, fue un espejo nítido de la crisis de representación política que atraviesa el país. Más que unidad, lo que se impuso fue el cálculo. Más que proyecto, lo que dominó fue la lógica de la supervivencia. Y aunque septiembre aún parece lejano, el tono de campaña ya anticipa que no será una contienda de ideas, sino una guerra de aparatos desgastados que, aun divididos por la ideología, comparten la misma fragilidad. Porque cuando la política se vacía de contenido, lo único que queda son las estructuras. Y esas, como ya sabemos, no siempre resisten.