EL HAMBRE QUE SOBRA: pobreza al 32,3% mientras Argentina tira 16 millones de toneladas de comida
Mientras Milei desfilaba por Nueva York asegurando que "somos los que más hicimos por los sectores vulnerables", el INDEC publicaba un dato que lo contradecía en tiempo real: la pobreza subió 4,1 puntos y ya afecta a 15,5 millones de argentinos. La distancia entre el relato presidencial y la estadística oficial nunca fue tan literal ni tan incómoda.
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Por HUGO MORENO (*)- Javier Milei eligió Nueva York para repetir, una vez más, su verso favorito: que su gestión "sacó a 14 millones de personas de la pobreza" y que, en materia de sectores vulnerables, es el gobierno que "más hizo". Lo dijo ante empresarios e inversores en la sede de Citibank, un día después de exponer ante la Asamblea General de la ONU que Argentina había dejado atrás la época de "administrar la pobreza". La ironía es que, mientras el Presidente pronunciaba esas palabras en un salón de Manhattan, en Buenos Aires el INDEC terminaba de procesar un dato que lo desmentía en vivo: durante el primer semestre de 2026 la pobreza subió 4,1 puntos porcentuales y alcanzó al 32,3% de la población, casi 16 millones de argentinos y argentinas. Nunca la distancia entre el relato oficial y la estadística oficial fue tan corta en el tiempo ni tan larga en el contenido.
Conviene ser precisos, porque en esto los matices importan. Es cierto que la pobreza bajó respecto del pico de 52,9% registrado en 2024, el momento más agudo de la crisis que el propio ajuste devaluatorio de Milei provocó al asumir (118%). Ese es el "14 millones" que el Gobierno repite como mantra en cada gira internacional. Pero ese número mira para atrás, hacia una crisis autoinfligida, y esconde deliberadamente lo que pasó después: la pobreza dejó de bajar hace tres trimestres. Subió entre el tercero y el cuarto trimestre de 2025, y siguió subiendo durante los dos primeros de 2026. El propio economista Leopoldo Tornarolli, del CEDLAS, lo señaló sin vueltas: el salto reciente no fue una sorpresa, sino la confirmación de una tendencia que el Gobierno prefiere no mencionar en sus discursos de Wall Street.
Y hay algo más incómodo todavía: en la previa a la publicación del dato, medios y consultoras ya anticipaban que el número iba a ser malo, y que en el propio oficialismo lo sabían. Mientras Milei recorría Nueva York, se filtraba que el Gobierno "esperaba" un incremento del nivel de pobreza. No es que a Milei lo haya sorprendido la noticia en pleno vuelo de regreso: la conocía antes de subirse al avión, y aun así eligió pararse frente a inversores extranjeros a hablar de éxito. Ese contraste no es un detalle de color ( o sí, violeta): es una definición política sobre a quién se le habla con la verdad completa y a quién con el resumen conveniente.
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"No es que a Milei lo haya sorprendido la noticia en pleno vuelo de regreso: la conocía antes de subirse al avión, y aun así eligió pararse frente a inversores extranjeros a hablar de éxito"
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Los datos estudiados desde el IAPP permiten calibrar la magnitud real del deterioro. El ingreso per cápita familiar aumentó, en promedio, 11,5% en el semestre, mientras que la Canasta Básica Total -la que define la línea de pobreza- subió 19,6% y la Canasta Básica Alimentaria -que define el nivel para caer en la indigencia-, 21,4%. La brecha entre lo que ganan los hogares pobres y lo que necesitarían para dejar de serlo se amplió al 35,9%. Son los mismos meses en los que el Gobierno, con Luis "Toto" Caputo a upa, celebraba la eliminación del déficit fiscal como el gran logro estructural del modelo. El ajuste dio superávit; también dio más pobres. Ambas cosas ocurrieron al mismo tiempo, y solo una de ellas apareció en el discurso presidencial en Nueva York.
El costo más alto de esta cuenta lo pagan, otra vez, los que menos eligieron. La pobreza entre chicos y chicas de 0 a 14 años trepó al 44,5%, y si se extiende la medición hasta los 17 años, la mitad de la infancia y la adolescencia argentina vive hoy bajo la línea de pobreza. Se puede discutir la macroeconomía en un panel de Wall Street; la pobreza infantil no se discute, se sufre en la casa de cada uno de esos chicos. Mientras tanto, el propio Milei, en su discurso ante la ONU, en el que criticó al organismo y veneró a Donald Trump, describió a la Argentina previa a su gestión como un país que "administró la pobreza". Vale la pregunta, entonces, con la misma dureza: ¿qué está haciendo su gobierno hoy, si no es administrar —y agravar— la misma pobreza que dice haber resuelto?
A esta distancia entre el relato y los números se le suma una segunda paradoja, tan grave como silenciosa: en el mismo país donde 15,5 millones de personas no llegan a cubrir una canasta básica, se descartan 16 millones de toneladas de alimentos por año. Solo en supermercados y autoservicios se tiraron 73 millones de kilos durante 2025, con pérdidas estimadas en 370.520 millones de pesos, según un relevamiento de la Secretaría de Agricultura de la Nación. El Banco de Alimentos Buenos Aires apenas logra recuperar el 1% de ese desperdicio, pese a tener capacidad ociosa para duplicar su operación; ergo, sale más barato tirar alimentos que donarlos y esto se debe a una cuestión meramente tributaria.
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"El ajuste dio superávit; también dio más pobres. Ambas cosas ocurrieron al mismo tiempo, y solo una de ellas apareció en el discurso presidencial en Nueva York"
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La explicación no es moral, es tributaria, y ahí el Gobierno tiene una responsabilidad directa que no depende de ninguna herencia kirchnerista: cuando una empresa destruye un producto, recupera el crédito fiscal de IVA; cuando lo dona, no. Argentina tiene desde hace años la Ley Donal, que protege legalmente al donante, pero nadie -ni esta gestión ni las anteriores- movió un dedo para corregir el sesgo impositivo que premia tirar antes que dar. Es un ajuste de letra chica, sin costo fiscal relevante, que el mismo gobierno que se jacta de haber "devuelto 100.000 millones de dólares a los argentinos" podría resolver en una sola resolución de ARCA o ministerial. No hace falta ningún superávit para modificarlo: hace falta, simplemente, la decisión política de dejar de mirar para otro lado.
Milei puede seguir eligiendo auditorios amigables para repetir que es el presidente que "más hizo" por los sectores vulnerables. Pero los números que él mismo evita nombrar en Nueva York están disponibles, en español, en la página del INDEC: más pobres, más chicos pobres, una brecha de ingresos que crece y una recuperación que se frenó hace tres trimestres. Ningún discurso ante inversores extranjeros cambia lo que dice la estadística oficial producida por el propio Estado que él conduce. Y mientras el relato se pule para exportación, en el territorio real un país con hambre sigue tirando comida porque, en la letra chica de una ley impositiva que nadie se anima a tocar, resulta más barato destruirla que compartirla.
(*) Director Ejecutivo del IAPP (Instituto de Análisis y Propuestas Públicas)
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