ALARMA FABRIL: cayó la producción, se multiplicaron los atrasos en los pagos y las pymes son las más golpeadas

Mientras el Gobierno nacional insiste con el relato de la recuperación, el propio empresariado industrial —a través de un relevamiento propio— describe un escenario de estancamiento, endeudamiento creciente y competencia desleal de productos importados que erosiona la producción local y pone en jaque miles de puestos de trabajo.

(ECONOMÍA | 09/09/2026)-  La industria argentina atraviesa un nuevo capítulo de estancamiento y deterioro que ya empieza a mostrar signos de fatiga estructural. Así lo revela la III Encuesta de Indicadores Industriales y Expectativas, un relevamiento trimestral que elabora el Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA) junto con la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA) y la Federación Industrial de Santa Fe (FISFE), realizado entre el 3 y el 21 de agosto entre 628 empresas de distintos tamaños, sectores y regiones del país.

El dato que resume el humor de las fábricas es el Monitor de Desempeño Industrial (MDI), un índice que anticipa la evolución del sector: en julio se ubicó en 40,4 puntos, una caída de 3,1 puntos respecto del relevamiento de abril y de 4,7 puntos frente a julio del año pasado. Como cualquier valor por debajo de los 50 puntos indica contracción, el dato confirma que todos los sectores industriales, sin excepción, están hoy en zona roja. Los más golpeados son Confecciones, cuero y calzado, Textiles y Minerales no metálicos, rubros históricamente sensibles a la apertura importadora y a la caída del poder adquisitivo.




El corazón del problema, según remarca el propio informe empresarial, está en el consumo interno. La mitad de las compañías relevadas —el 49,7%— registró una caída en sus ventas dentro del mercado local, mientras que solo el 16,2% pudo mostrar un incremento. En producción, el cuadro es similar: el 42,9% redujo sus niveles frente a apenas un 20,9% que logró aumentarlos. Las exportaciones, en cambio, tuvieron un comportamiento algo menos negativo y hasta mostraron una leve mejora respecto de relevamientos anteriores, lo que confirma que el freno no viene de afuera sino de la caída del bolsillo de los argentinos: la merma de la demanda interna es señalada por el 48,6% de las empresas como su principal problema actual, muy por encima de cualquier otro factor.

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"La mitad de las firmas registró una caída en sus ventas al mercado interno, mientras que apenas el 16,2% logró crecer: el deterioro del consumo es hoy el problema número uno de la industria argentina".

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El impacto, sin embargo, no es parejo. Cuando el informe desagrega los datos por tamaño de empresa, queda claro quiénes llevan la peor parte del ajuste: las micro y pequeñas industrias. Dentro de ese universo, el 47,8% redujo su producción y el 54,8% sus ventas, porcentajes muy por encima de los que registran las medianas y grandes compañías. Son, además, las que tienen menos espalda financiera para bancar meses de caída sostenida, y las que primero sienten el impacto cuando se corta el crédito o sube una tarifa.

Pese al cuadro recesivo, las empresas industriales intentan sostener la dotación de personal: la proporción de firmas que redujo su plantilla se mantuvo estable en el 21,2%, un porcentaje sensiblemente menor al de aquellas que reportaron caídas en ventas o producción. Eso no significa que no haya ajuste: para evitar despidos directos, el 18,7% de las compañías recurrió a la reducción de turnos laborales, mientras que otras optaron por suspensiones o adelantos de vacaciones. De cara al año que viene, las expectativas tampoco son alentadoras: solo el 16,9% de las empresas espera incorporar trabajadores, mientras que el 27,5% directamente prevé achicar su plantilla.

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"Entre las micro y pequeñas empresas, casi la mitad redujo su producción y más de la mitad vio caer sus ventas: son las que menos margen tienen para resistir el ajuste."

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El otro dato que enciende alarmas es financiero. Según la encuesta, el 47,6% de las empresas industriales no pudo afrontar en su totalidad al menos uno de sus pagos habituales —salarios, proveedores, compromisos financieros, servicios públicos o impuestos—, y el 9,2% directamente no pudo cumplir con ninguno de ellos en tiempo y forma, el porcentaje más alto de toda la serie histórica del relevamiento y muy por encima del promedio de los últimos años, que ronda el 4%. Las mayores dificultades se concentran en el pago de impuestos (34,6%) y de proveedores (33,3%), lo que evidencia que las restricciones de liquidez ya empiezan a trasladarse tanto al fisco como a la cadena de pagos comercial. Para poder sostenerse, más de la mitad de las empresas afectadas tuvo que salir a buscar financiamiento de corto plazo o aumentar su endeudamiento, y otro porcentaje similar debió afrontar mayores costos financieros, en un combo que presiona directamente sobre la rentabilidad del sector.

A esta ecuación se suma una presión creciente de los costos operativos. En julio, por primera vez, los costos energéticos se ubicaron en el segundo lugar entre las principales preocupaciones de las empresas, desplazando a los insumos nacionales. En total, el 24,2% de las firmas señaló el aumento de costos como uno de sus principales desafíos, con los rubros laboral y energético como los que más impactan sobre la actividad cotidiana de las fábricas.

El panorama de subutilización productiva completa el diagnóstico: en julio, la utilización promedio de la capacidad instalada de las empresas industriales fue del 53,6%, y para el 64,4% de las firmas ese nivel estuvo por debajo del que consideran óptimo. Entre esas empresas, ocho de cada diez no esperan alcanzar su nivel óptimo de producción durante los próximos doce meses, un dato que explica por qué la proporción de compañías que considera que es un buen momento para invertir volvió a caer, tanto en maquinaria y equipo como en capital de trabajo. Las expectativas generales tampoco acompañan: el año pasado, más de la mitad de las empresas esperaba una mejora del país para 2026; hoy, apenas el 16,7% dice estar efectivamente mejor y el 65% asegura estar peor que hace doce meses.

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"Seis de cada diez empresas industriales aseguran que la competencia desleal y el ingreso de productos importados a precios artificialmente bajos golpean con fuerza alta o muy alta su actividad."

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El informe dedica además un capítulo especial a la competencia desleal y el contrabando, un reclamo que crece entre las cámaras industriales en el marco de la apertura comercial impulsada por el Gobierno nacional. Seis de cada diez empresas relevadas consideraron que este fenómeno tiene un impacto alto o muy alto sobre su actividad, principalmente porque reduce sus ventas (48,4%) y su rentabilidad (13,3%), además de forzarlas a bajar precios por debajo de niveles rentables. La mitad de las firmas afirmó que los productos de origen externo llegan al mercado local a precios artificialmente bajos, una distorsión que golpea especialmente a sectores como Textiles (84,6% reporta impacto alto o muy alto), Confecciones, cuero y calzado (76,2%) y Metales comunes (88,2%). A nivel regional, el AMBA es la zona con mayor proporción de empresas afectadas (65,9%), seguida por el Norte del país (56,5%). Frente a este escenario, las cámaras empresarias reclaman fortalecer los controles aduaneros, reforzar la fiscalización de la facturación y ampliar los controles sobre el comercio electrónico, canales que —según el propio relevamiento— concentran buena parte del ingreso irregular de mercadería.

El cuadro que dibuja la UIA confirma una tendencia que se viene consolidando desde mediados de 2025: una industria que no logra despegar, que ve licuarse el consumo popular y que empieza a mostrar señales de estrés financiero en simultáneo con el amesetamiento del empleo. Los números, lejos de ser una foto aislada, se suman a una serie que —según el propio informe— no logra recuperar los niveles de actividad de años anteriores. Para el sector fabril, la pregunta que queda flotando es cuánto tiempo más pueden las pymes sostener el equilibrio entre no despedir y no poder pagar sus cuentas.