LEALTADES EN PLURAL

El peronismo conmemoró el 17 de octubre en cuatro escenarios distintos y sin una sola foto común. Kicillof en La Matanza, Cristina en el balcón, la Liga de Intendentes en Moreno y Massa en la visita reservada. Todos temen que se suspendan las PASO, aunque cada uno por sus propias razones. 

Por HUGO MORENO - El peronismo celebró los 81 años de su día fundacional con la fidelidad de siempre a una de sus tradiciones más arraigadas: hacerlo por separado. Hubo un polideportivo en González Catán, un balcón en Constitución, una sede partidaria en Moreno y un escenario en Chaco. Ninguna fotografía reunió a todos. Pero más que la dispersión, que el movimiento practica con talento desde hace décadas, lo que ordenó la jornada fue una pregunta que el calendario formula cada 17 de octubre y que esta vez resultó particularmente incómoda: lealtad, ¿a quién?

La primera escena fue en La Matanza. Axel Kicillof, presidente del PJ bonaerense desde abril, eligió el distrito más poblado de la provincia para hablar como lo que ya asume ser: un candidato. Lo flanquearon la vicegobernadora Verónica Magario y el anfitrión, Fernando Espinoza, quien fue elegido recientemente para presidir la FAM (la Federación Argentina de Muncicipios). Dijo que Cristina Kirchner está injustamente presa, algo que hoy parece obligatorio decir para ser escuchado en ciertos balcones, y ofreció “poner el cuerpo” y asumir “las responsabilidades que tocan”. Cargó contra Javier Milei con una imagen que seguramente se repita en los zócalos de los canales: en lugar de un presidente, dijo, la Argentina tiene un “che pibe” de los mandados del presidente de Estados Unidos. Y definió la lealtad de este tiempo con una frase de oficio: construir una alternativa que el año próximo termine con el Gobierno. Pidió, además, actualizar la doctrina. El gobernador habló bastante de Perón y de Evita; habló menos, o lo hizo con más cuidado, de la interna.

Kicillof en La Matanza, Cristina en el balcón, la Liga de Intendentes en Moreno y Massa en la visita reservada. Todos temen que se suspendan las PASO, aunque cada uno por sus propias razones.

La segunda escena fue en San José 1111. Las columnas empezaron a llegar pasadas las 16, el Sindicato de la Carne plantó una parrilla en la vereda y Cristina salió al balcón, saludó y cantó con la militancia. Es el segundo 17 de octubre que la expresidenta atraviesa presa en su departamento. El PJ difundió un comunicado que equipara su situación con la proscripción de Perón (“Ayer por Perón, hoy por Cristina”) y, desde Chaco, Máximo Kirchner, junto a Jorge Capitanich, sostuvo que el poder económico concentrado la tiene secuestrada. La liturgia es potente y la imagen del balcón conmueve y ordena a los propios. Conviene, sin embargo, distinguir entre una consigna y una estrategia. Reclamar la libertad de Cristina es una causa legítima para quienes la sostienen; no alcanza, por sí sola, para responder cómo se construye una mayoría en 2027 ni quién conduce ese armado.

La tercera escena, la más discreta, fue en Moreno. La Liga de Intendentes bonaerenses, doce jefes comunales entre los que están Federico Otermín, Federico Achával, Gustavo Menéndez y Gastón Granados, se reunió en la sede del PJ local con Mariel Fernández como anfitriona. Venían de la Marcha Federal Universitaria. Se presentan como una cuarta pata del peronismo bonaerense, junto al kicillofismo, La Cámpora y el massismo, y practican un equilibrio deliberado entre los dos polos de la disputa. No es casual que, según se comenta en la política provincial, tres de sus integrantes suenen para suceder a Kicillof en Calle 6. Los intendentes entienden algo que a veces olvidan los jefes de tribu: el territorio vota, el territorio administra y el territorio no espera indefinidamente a que se resuelvan las conducciones nacionales. Moreno fue un acto chico con una lectura grande: quien gobierna el conurbano quiere voz propia en la mesa donde se definan las listas.

Y aquí aparece el tema que atravesó los cuatro escenarios sin necesidad de ser nombrado en los discursos: las PASO. La preocupación en el peronismo es unánime, aunque las razones no siempre coincidan. El Gobierno quiere eliminarlas, se conformaría con suspenderlas en 2027 y necesita 37 votos en el Senado que, a la fecha, no tiene. De hecho, frenó el tratamiento de la reforma política hasta reunirlos y evalúa extender la actividad parlamentaria en diciembre para volver a intentarlo. Para un peronismo con cuatro liderazgos en tensión, las primarias son algo más que un trámite: son el único mecanismo capaz de ordenar una interna que no se resuelve por aclamación. Sin PASO, las candidaturas deberán acordarse a mano (o a dedo como algunos prefieren). Quien haya visto alguna vez al peronismo acordar a mano sabe que el método, además de lento, suele ser dolorosamente creativo.

En ese contexto hay que leer la visita de Sergio Massa a San José 1111, el viernes, a un día del Día de la Lealtad. Según se supo, la reunión duró unos cuarenta minutos y el temario incluyó las elecciones de Estados Unidos y Brasil y, sobre todo, las PASO: Cristina insistió en hacer todo lo posible para evitar la suspensión; Massa le sugirió esperar a ver si el Gobierno consigue los votos. Es un detalle que dice mucho. Cristina plantea una trinchera, Massa propone cálculo. Hubo también especulaciones sobre una eventual fórmula con Máximo Kirchner, que circularon con fuerza pero no fueron confirmadas por nadie con nombre y apellido; sábido es el vínvulo entre ambos, pero conviene tratarlas como lo que son (por ahora): política-ficción en estado de ebullición. Lo comprobable es la foto. Una foto de Massa saliendo del departamento de Constitución, mientras el kirchnerismo le reprocha a Kicillof, según esos mismos medios, que no visite a la expresidenta. En política las visitas son mensajes, y los silencios sobre las visitas también. Massa, que nunca dejó de hacer política desde el Frente Renovador y que ese mismo sábado pidió unidad, volvió a demostrar su especialidad: estar cerca de todos sin quedar atado a nadie. Como estrategia, es astuta; como lealtad, es un género aparte.

Mientras en los actos se denuncia el ajuste, gobernadores peronistas acompañan a Milei y sus legisladores aportan votos. ¿Qué le exige la lealtad a un movimiento que ya no tiene una conducción única?

Llegamos así a la pregunta de la fecha. Mientras en las calles (en verdad pasajes), o en algunos actos partidarios, se canta la marcha, hay gobernadores "peronistas" que juegan y acompañan a Milei. Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil, Gustavo Sáenz y Hugo Passalacqua son los más nombrados. Los legisladores que responden a ellos aportaron votos decisivos a la Ley Bases, y fueron parte de la mayoría que el oficialismo necesitó para la reforma laboral. Ahora, con el Presupuesto 2027 en tratamiento “en cámara lenta” y la Casa Rosada atando partidas al apoyo legislativo, Diego Santilli los recibe uno por uno. Jaldo, por ejemplo, ya dijo que hay que acompañar el Presupuesto, aunque pide obras y recursos para su provincia. Sus defensores, dentro del propio PJ, sostienen que nunca se fueron del partido y que en 2027 competirán de este lado. Es una defensa que explica, pero no necesariamente absuelve: ¿qué significa pertenecer a un espacio cuyos legisladores votan el ajuste que ese espacio denuncia en cada acto?

La respuesta honesta exige mirar para los dos lados. Los gobernadores argumentan que defienden a sus provincias frente a una Nación que ahoga las transferencias, y tienen razón aquellos que piensan que la caja es un argumento. Pero esa racionalidad de supervivencia es exactamente lo que la lealtad, en su sentido original, venía a desafiar. El 17 de octubre de 1945 los trabajadores no fueron a Plaza de Mayo por una partida presupuestaria; fueron por un proyecto de país y por un dirigente que lo encarnaba. Y, a la inversa, quienes interpelan a los gobernadores tienen un problema de autoridad: la lealtad se exige desde una conducción, y un peronismo con cuatro actos, cuatro liderazgos y ninguna foto común difícilmente pueda reclamar disciplina. Cuando no hay conducción, florecen las lealtades a la carta. A tal punto que hay gobernadores que parecen ser más leales al libreto libertario que al proyecto nacional y popular, dejando en claro que el toma y daca son sus formas.

Queda, entonces, el dato más importante de la jornada de ayer 17 de octubre; el que no estuvo en ningún escenario: el pueblo que sale a la calle sin que nadie lo convoque. Los estudiantes, rectores, docentes, nodocentes, gremios y organizaciones sociales que marcharon por la universidad pública esta misma semana, los jubilados que reclaman cada miércoles, las familias del sector de discapacidad, los endeudados por la usura. Esa es la lealtad que un sector del peronismo debería saber leer. Si algo enseña la fecha es que el movimiento nació cuando los de abajo se organizaron solos y alguien tuvo la lucidez de ponerse a la altura. Hoy hay balcones, polideportivos, ligas y visitas reservadas. Falta lo más difícil: una conducción que merezca esa lealtad que ya existe, y que no se negocie por rutas, infraestructuras; o simplemente caja (con "c" de cash).