Lo que esconde la cadena nacional de Milei sobre Malvinas: encuestas en baja, la interna con Villarruel y el ocaso en las redes
POR LEONEL VIRGILLITO (*) - Finalmente, Javier Milei brindó la tan anunciada cadena
nacional sobre la cuestión Malvinas. A las 21 horas del jueves 3 de septiembre,
se dirigió al país con un mensaje a favor de, más allá de las diferencias
políticas, hacer causa común en torno a la cuestión Malvinas porque “Malvinas
no pertenece a un gobierno ni a un partido político, es una causa nacional.”
En una imágen ya característica de las cadenas nacionales del presidente Javier Milei, se lo vió rodeado por sus principales funcionarios, y en un discurso que no llegó a los 20 minutos dejó en claro el posicionamiento del Estado argentino sobre Malvinas, hizo una suerte de repaso histórico, habló de la posibilidad de que Estados Unidos revea su posicionamiento al respecto, le tiró flores a su gobierno, e hizo el anuncio de una serie de medidas, entre las que se destacan: Un decreto para acelerar y agravar las sanciones a empresas extranjeras que quieran explotar los recursos petroleros de las islas, un proyecto de ley de “defensa de la soberanía nacional”, y el aumento de presupuesto al Ministerio de Defensa con miras a la construcción de “una base naval integral en Tierra del Fuego”.

Los anuncios fueron acompañados por una activa campaña en
redes sociales, que en realidad había comenzado días antes intentando generar expectativas,
con el claro objetivo de marcar la discusión digital y recuperar la centralidad
en la agenda pública que el presidente perdió hace meses. A su vez, ni bien
terminó la cadena nacional, se pudo ver y leer a periodistas y analistas políticos,
en los medios tradicionales, pero sobre todo en redes sociales, un poco excitados
con el discurso malvinero y nacionalista del presidente Milei. Con comentarios
de los más variados que iban desde la celebración porque “es lo que tiene que
decir un presidente”, hasta aquellos que le dieron la medalla por ser el mejor
realizado por un presidente argentino sobre este tema. Algo que, para no pensar
mal, vamos a creer que es parte de los males de la actualidad en donde parece
que solo importa la inmediatez y el pasado no existe.
En cuanto a la oposición, al momento que escribo estas
palabras, lo que primó fue el silencio. En un contexto de internas
interminables, desde el peronismo no sólo son incapaces de dar un discurso
unificado, directamente omiten hacer comentarios y pierden la posibilidad de
disputarle la centralidad de agenda al presidente. La Cristina Fernández de
Kirchner que enviaba cartas o se cruzaba con Milei por Twitter hace rato que se
ha llamado al silencio, y los dirigentes más cercanos a ella utilizan sus
apariciones públicas para hablar de la estrategia judicial de la presidenta del
Partido Justicialista. Del lado de la Provincia de Buenos Aires la cosa no es
muy distinta. Axel Kicillof parece estar siempre con el freno de mano puesto y
que nunca se termina de animar a asumir el rol de principal opositor y candidato
presidencial que la mayoría de la opinión pública le ha asignado.
Los únicos dirigentes de peso que se expresaron de inmediato
fueron los del Frente de Izquierda, y la que mayor difusión tuvo, como siempre,
fue Myriam Bregman. El problema de Bregman y el FIT, es que si bien el discurso
anti imperial es propio del trotskismo, cuando se trata de nacionalismo y la
causa Malvinas les pasa algo similar que a Milei y su prédica
liberal-libertaria, les es ideológicamente totalmente ajeno este discurso, y
cuando quieren tomar esa posición suena demasiado impostado.
¿Y Victoria Villarruel? la vicepresidenta que Milei ha acusado en reiteradas ocasiones de ser una traidora, y que en su portada de twitter tiene la ya célebre bandera que reza “las Malvinas son argentinas", tampoco emitió comentario al respecto. Aunque sí, al otro día, utilizó un pin con el mismo mensaje de su twitter en un acto en el Senado con ex combatientes.

Pero volviendo al contenido de la cadena nacional en sí, ¿a
quién fue dirigido el discurso del presidente?, ¿por qué ese cambio de opinión
tan rotundo?, ¿realmente ha habido un avance para recuperar las islas Malvinas?
para tratar de dar respuesta a estas incógnitas hay que tener en cuenta al
menos 4 cuestiones: Interna de las familias de derechas. En primer lugar, se
debe entender que no se debe hablar de la derecha en singular, porque, como
señala el doctor Sergio Morresi, en realidad lo que existe es un campo de las
derechas en donde se producen relaciones cooperativas y de conflicto entre los
distintos actores que lo integran, entre ellos, en Argentina, se destacan dos
familias, la liberal-conservadora y la nacional-reaccionaria. Estas familias,
que suelen estar enfrentadas entre sí, ante determinados sucesos y contextos
suelen aliarse en un proceso denominado fusionismo. Ese fusionismo en 2023 se
materializó en la fórmula Milei-Villarruel. Javier Milei, un autodefinido
liberal-libertario que, entre otros, admira al economista Alberto Benegas Lynch
(hijo) del cuál suele citar la frase sobre lo que es el liberalismo, es
claramente parte de la familia liberal-conservadora. Por su parte, Victoria
Villarruel , que saltó a la fama por su defensa de los los militares responsables
de la última dictadura militar, es, como bien la definió MIlei luego de su distanciamiento,
“católica y nacionalista”, por lo cuál forma parte de la familia nacional-reaccionaria.
Esa alianza que se había formado en el 2021, y que les había
permitido llegar a la Rosada tan solo dos años después, al poco tiempo de
iniciar el gobierno se rompió. Desde entonces, en medio de acusaciones
cruzadas, chicanas, e insultos entre el binomio presidencial, aquellos votantes
pertenecientes al nacionalismo-reaccionario comenzaron a respaldar cada vez
menos a Javier Milei por considerarlo básicamente “antiargentino”. De hecho, no
son pocos los analistas que afirman que Victoria Villarruel buscará capitalizar
ese descontento por derecha con una candidatura propia.
Este distanciamiento se terminó de materializar en el
contexto mundialista, y más precisamente ante el debate por la Ley de Tierras
que culminó con una movilización muy grande y con una dura derrota del gobierno
en el Parlamento. Lo interesante de esa multitudinaria marcha es que era
totalmente transversal, en la plaza no estaban solamente los “zurdos de mierda”
o los “kukas tira piedra” como suele denunciar el presidente, también se movilizaron
sectores del nacionalismo-reaccionario ya desencantados con el gobierno que
habían votado poco tiempo atrás. El lema “La patria no se vende” aglutinó así a
peronistas, progresistas, trotskistas y hasta a sectores filonazis.
Es evidente que los asesores del presidente, sea Santiago
Caputo o Conan, tomaron nota de que el lider libertario había caído fuertemente
en las encuestas y que en la conversación digital, dónde hasta hace poco tiempo
supo reinar, había pasado a un segundo plano, pero también lo hicieron sobre el
distanciamiento de los sectores nacional-reaccionarios y del sentimiento
nacionalista que se había intesificado durante el mundial, la bandera de
malvinas y el debate por el Ley de Tierras.
De esta forma, el discurso presidencial y sobre todo algunas
medidas que se tomaron como el aumento de presupuesto en defensa, conforman en
parte, una respuesta a esa crisis al interior de las familias de derechas que,
días atrás, había tenido otro capítulo cuando el gobierno anunció el aumento
salarial para las fuerzas armadas, que llegaría en total al 32% en el año.
La “causa sagrada” y la construcción del enemigo externo (e
interno) que ante la debilidad y la caída de la imágen de un líder político se
busque un enemigo externo al cual responsabilizar, a la par que se intenta
forjar una unidad nacional para hacerle frente, es tan viejo como la política
en sí. Ya en 1927 el filósofo y jurista Carl Schmitt afirmaba que la dicotomía
amigo-enemigo era el eje central de lo político. Y Milei ha explorado, desde
sus inicios como panelista, esto mismo con un contenido bastante definido.
De esta forma el panelista Javier Milei desde la televisión
y las redes sociales conformó un discurso anti casta que apuntaba contra un
enemigo externo que se materializaba en el marxismo cultural y la agenda 2030.
Esto es parte de lo que se conoce como el mito populista, y como bien señala la
doctora María Esperanza Casullo, en el mismo no solo hay un enemigo externo y
un pueblo agredido que debe ser reivindicado por el líder, sino cómplices
locales del enemigo que son todavía peores porque son traidores.
De esta forma el discurso se puede moldear a las necesidades
coyunturales, y si antes el principal enemigo externo era el marxismo cultural
que venía a destruir la civilización occidental, ahora puede ser Gran Bretaña o
las empresas petroleras que vienen a saquear los recursos naturales argentinos.
Y así como antes la casta era la cómplice local de esas agendas foráneas para
obtener beneficios económicos y votos, ahora quienes no comparten, o señalan
contradicciones en el discurso del presidente son “agentes de la corona
británica” y deben ser señalados.
Tal como ordenó a su tropa digital el asesor presidencial
estrella, Santiago Caputo, al cual hay que reconocerle que de esto sabe mucho.
Pero hablando de Caputo y la construcción de un enemigo, fue
llamativo el posteo que se hizo en X desde la cuenta de la S.I.D.E, cuya
conducción política se le atribuye al asesor residencial, que subió una imágen
generada con IA de las islas Malvinas con solamente dos palabras arriba de las
mismas: “Estamos mirando.” ¿Un mensaje para los isleños y los británicos?, ¿ O
es un mensaje para los Argentinos? La orden de marcar opositores en redes
sociales que realizó Caputo, y la ley de Seguridad Nacional que prevé mayores
recursos a la Secretaría de Inteligencia, así como también mayores libertades
para el espionaje interno, hacen sospechar que se trata de la segunda opción.
Pero volviendo al contenido discursivo de la cadena
nacional, el problema es que, por sangrada que sea la causa en la que se quiere
embanderar tardíamente el presidente, por bien que esté redactado el discurso y
por bien que lo haya leído el autodenominado león, lo cierto es que esta causa
le es totalmente ajena. No sólo por su formación ideológica que lo hace
aborrecer los Estados nacionales, al punto de que en una entrevista alguna vez
afirmó “Cuando festejan el Día de la Bandera, para mí es como que veo un muro,
así todo de ladrillos”, sino también por su historia personal, en su momento
recordó en televisión que el padre le pegó en un almuerzo familiar de 1982 por
afirmar que la guerra era un “disparate porque nos iban a hacer de goma”.
Pero además de todo esto, Javier Milei es un anglófilo fan
de Margaret Thatcher, no sólo porque tiene un retrato de la Dama de Hierro en
su despacho, o porque en el debate presidencial del 2023 la defendió al afirmar
que “nos tocó una guerra y esa guerra la perdimos” y comparala con los goles de
Johan Cruyff y Kylliam Mbappe contra la selección argentina, sino porque lo
señaló el ex Primer Ministro de Gran Bretaña Boris Johnson, que en una
entrevista afirmó que “Milei es anglófilo y admirador de Thatcher. No creo ni
por un segundo que quiera una confrontación con el Reino Unido por esta
cuestión. Pero también enfrenta una difícil campaña por la reelección y puede
considerar necesario agitar el sentimiento popular apelando al tradicional
nacionalismo”.
Vale recordar que en Octubre de 2024 Milei lo llevó al
balcón de la Casa Rosada para que saluden juntos a la escasa gente que se
acercaba a ver semejante espectáculo.
Argentina, Trump y la geopolítica- Hay algo que está claro,
el discurso que dio Milei sobre la soberanía de las Islas Malvinas se inscribe
en una reconfiguración del escenario geopolítico de la región en donde Estados
Unidos está posando sus ojos y esfuerzos en controlar toda América en una
suerte de Doctrina Monroe 2.0.
Esta estrategia de Trump y la Secretaría de Estado para
enfrentar la “amenaza china” tuvo un primer paso que fue la disputa con Panamá
por el control del canal que lleva su mismo nombre y que culminó con un acuerdo
beneficioso para la potencia del Norte, a esto lo siguió la intervención de
Venezuela y el posterior control de su petróleo, a la par que Trump mostraba
preocupación por la seguridad en el Atlántico Norte que lo llevó a una disputa
todavía no resuelta por Groenlandia con Dinamarca y la Unión Europea, y ahora
el objetivo parece ser el control de los pasos bioceánicos que conectan el
Atlántico y el Pacífico en el sur.
A esto se suma la disputa entre Estados Unidos y la OTAN por
el gasto militar que Trump considera insuficiente por parte de sus socios
Europeos y Canadá, así como también por la negativa del resto de los países
miembros de la OTAN de ser parte de la campaña bélica de Estados Unidos e
Israel en Irán.
En medio de esta disputa al interior de la OTAN, la relación
entre Washington y Londres atraviesa una situación delicada. Es por eso que con
estos “vientos de cambios” Javier Milei, aprovechando también su alineamiento
absoluto con Estados Unidos e Israel, busca sacar ventaja esperando que desde
el norte decidan cambiar su posición histórica de neutralidad, algo que en la
práctica se ha traducido como un respaldo a su histórico socio.
En este sentido, las declaraciones del hijo de Netanyahu en
X en donde afirmó que “Las Malvinas son Argentinas”, pero sobre todo de Donald
Trump en donde en dos ocasiones afirmó que estaba dispuesto a rever la postura
que hasta ahora ha tomado su país respecto a este conflicto, parecieron ser
excusas más que suficientes para que Javier Milei recordara la sagrada causa
argentina y anunciara esta cadena nacional. Vale aclarar que según el Canciller
Pablo Quirno todavía no hubo un pedido formal para que Estados Unidos interceda
ante el Reino Unido en favor del reclamo argentino.
Sin embargo, esta impostada posición del gobierno argentino
choca rápidamente con las claras contradicciones del propio Presidente en el
tablero regional. Una muestra clara de ello se dio en su reciente visita a
Chile. Allí, Milei no solo no escatimó en elogios hacia la figura del dictador
Augusto Pinochet, quién fue el principal aliado logístico e informativo de Gran
Bretaña durante la guerra de 1982, sino que lo hizo en un contexto sumamente
perjudicial para la diplomacia nacional, ya que el mismo día de su visita, se
anunció oficialmente la apertura de una nueva ruta comercial que conecta Chile
con las Malvinas. Esto es un avance clave para la logística británica que
consolida el aislamiento del archipiélago respecto al continente argentino, y
sobre la cual Javier Milei prefirió mantener un absoluto silencio.
Ante este escenario, la pregunta que subsiste es inevitable:
¿cambiará realmente Estados Unidos su posición histórica respecto a la causa
Malvinas? La respuesta más honesta es que no lo sabe ni el propio Milei y,
viendo lo errático e impredecible que suele ser el manejo de la política
exterior de la administración Trump, probablemente tampoco lo tenga en claro el
magnate estadounidense.
Redes sociales, polarización, emocionalidad y nichos Otro
punto que hay que tener en cuenta y comprender es que en la actualidad, por más
que se exhorte a toda la población a acompañar una causa nacional que toca
fibras sensibles de la sociedad, que eso sea acompañado por un séquito de
periodistas embelesado por el discurso, y a la vez se ponga en funcionamiento
la maquinaria de redes sociales oficialista, lo cierto es que los discursos
difícilmente les lleguen a todos, y de la misma forma.
En la actualidad, más que nunca, lo que hay es una
segmentación de la sociedad en nichos con intereses y demandas diversas. Eso,
en redes sociales, se manifiesta en la conformación de burbujas de filtro en
dónde los algoritmos solo nos muestran los contenidos afines a nuestras
preferencias.
Otra característica de estos tiempos de algoritmos y redes
sociales, son la prevalencia de las emociones fuertes, como pueden ser la ira y
la tristeza, que en un mundo cada vez más desigual van en crecimiento y que los
algoritmos premian visibilizando más esos contenidos que, a su vez, profundizan
las polarización social y política.
Durante años Milei y el ecosistema conformado por la
Libertad Avanza, las Fuerzas del Cielo, entre otros, se movieron como pez en el
agua en lo que apodaron como “la calle digital”, sabían que decir, como y
cuando. Además el propio Milei había nacido siendo un nicho, y polarizando
desde un extremo, al darse el contexto indicado logró construir una mayoría.
Sin embargo en los últimos meses se vio como marcadamente el presidente fue
perdiendo la discusión digital: los comentarios negativos comenzaron
constantemente a superar los positivos, y para peor aún, pasó a ser mucho menos
relevante lo que el presidente dijera, obteniendo menos interacciones y menos
reacciones. Esto se manifestó principalmente en dos hechos, la causa Adorni y
Ley de Tierras, temas que golpearon con fuerza la imágen del gobierno y de las
que todavía está tratando de reponerse.
Ante este escenario se hace evidente que el discurso de la
cadena nacional tenía también como objetivo reactivar la conversación digital,
que Milei volviera a tener la centralidad que había perdido en las redes
sociales, y qué mejor para lograrlo que subirse a una causa que cala tan hondo
en el corazón de los argentinos como lo es Malvinas.
Desde el momento que el presidente anunció que daría una
cadena nacional respecto a la “causa más sagrada que tienen los argentinos”,
comenzaron a movilizar todo su aparato de redes, uno que venía de capa caída
los últimos meses, y sobre todo luego de la reciente detención de Fernando
Cerimedo en Bolivia. Entre las acciones que llevaron adelante se pudo observar
la de promover el #malvinasargentinas a la par que se buscaba polarizar, como
siempre, con “los kukas”. Ahora bien, ¿todo esto funcionó?
Según un informe de Monitor Digital esta cadena nacional fue
la tercera con menor repercusión de este gobierno, lo que significa una caída
casi del 61% respecto a la primera de diciembre del 2023, y un 31% por debajo
del promedio histórico. Además señaló que, con el correr de las horas, los
sentimientos que más se registraron fueron negativos, llegando al -67 de
rechazo.
Por su parte, desde Pulso Research afirmaron que la charla
digital sobre Malvinas en X se multiplicó por 26, pero que los sentimientos que
predominaron fueron de rechazo a la cadena, en promedio 47% a 43%, con 10% de
duda, que el tuit más viral al respecto fue negativo para con el gobierno, y
que con el correr de las horas la disputa de la política interna fue lo que
terminó acaparando el debate.
Ante esto, podemos afirmar que los objetivos de la
estrategia comunicacional del gobierno se cumplieron a medias, pero que si bien
hoy en día se habla mucho menos de Javier Milei que antes, y que lo que se
habla es mayoritariamente en tono negativo, él sigue estando en el centro de la
escena, básicamente porque no hay ningún dirigente de la oposición que esté
intentando activamente disputarle ese lugar.
Por eso también es importante que la oposición entienda cómo
y cuándo jugar con las reglas actuales de la comunicación política,
comprendiendo los tiempos que corren y la lógica de los algoritmos. La realidad
es que era fácil para el peronismo sumarse a la ola, pero dejaron pasar una
oportunidad única. Era tan sencillo como escribir un tweet conciso en dónde se
celebre el cambio de posición de Milei, se resalta que la mayoría de las
medidas anunciadas ellos ya las habían hecho, y cerrar con alguna chicana
referida, por ejemplo, al cuadro de Thatcher que
Milei tiene en su despacho. Eso podría estar acompañado de
un enlace que lleve a un documento más extenso en donde, por ejemplo, se haga
mención a la preocupación por el avance de Estados Unidos en la región.
Está claro que perdieron la oportunidad por quedarse especulando con la reacción social, con miedo de equivocarse y quedar a contramano. Una prueba de esto es que Axel Kicillof publicó en X, 24 horas después del discurso del presidente, un larguísimo posteo que plantea varias de las cuestiones aquí mencionados pero que difícilmente sea leído hasta el final por la mayoría ya que, aparte de su extensión, tuvo tan sólo una pequeña parte de las interacciones de las que obtuvieron quienes se expresaron con celeridad y acompañados de discursos más acordes a los tiempos que corren.
(*) Politólogo y Consultor político. Director de AlterPoli Consultora.
