Pensar, informar, resistir: el periodismo en tiempos de hostilidad

En un país donde la palabra nunca fue inocente, el periodismo argentino vuelve a ubicarse en el centro de la escena. En tiempos donde las redes amplifican la mentira y el poder político busca desacreditar cualquier voz crítica, ejercer el oficio de informar con compromiso y pluralismo se convierte en un acto profundamente político.

Desde la Revolución de Mayo hasta nuestros días, la historia nacional está atravesada por luchas simbólicas y disputas por el sentido. Por eso no es casual que el Día del Periodista en Argentina se celebre el 7 de junio, en conmemoración de la fundación de la Gazeta de Buenos Ayres, el primer periódico de la etapa independentista, dirigido por Mariano Moreno. Desde sus primeras líneas, ese medio no solo buscó informar: pretendía formar una ciudadanía crítica y libre, nada más ni nada menos.

Hoy, a más de dos siglos, ese mismo espíritu se vuelve urgente.


Un oficio con historia
El periodismo argentino tiene figuras fundantes como Rodolfo Walsh, cuya vida sintetiza como pocas el rol del periodista comprometido. Con Operación Masacre inauguró el periodismo de investigación moderno en América Latina, y con su Carta Abierta a la Junta Militar denunció el terrorismo de Estado con una lucidez que sigue siendo faro ético.



Walsh no escribía para agradar ni para agradarse: escribía para denunciar lo que el poder ocultaba y para darle voz a quienes no la tenían. En su figura se encarna una idea esencial: el periodismo es una herramienta para pensar el mundo y, si es necesario, enfrentarlo.

Tampoco podemos dejar pasar el recuerdo de Paco Urondo; una figura emblemática que marcó al periodismo argentino con su compromiso político, literario y ético. Su legado representa una confluencia profunda entre la literatura, el periodismo y la militancia política en un contexto de fuerte represión.


Redes, algoritmos y resistencias
Las redes sociales y la tecnología han modificado el mapa de la comunicación y los medios en el país. El anonimato de las redes, la formulación de fake news el despretigio mediante ejércitos de trolls son muestra de esa cambio en el paradigma del periodismo. La aparición de proyectos digitales, autogestivos y cooperativos como La Vaca, El Grito del Sur, El Cohete a la Luna, Anfibia o Tiempo Argentino han permitido nuevas formas de narrar y de sostener voces contrahegemónicas. Pero también es cierto que los algoritmos y la concentración digital ponen en riesgo el acceso a la información veraz y plural.

Hoy no basta con tener razón: hay que poder circular. Y en un entorno donde los discursos de odio se viralizan más rápido que los datos chequeados, la responsabilidad del periodismo es enorme. Porque no se trata solo de informar, sino de desarmar el sentido común neoliberal, de poner en cuestión lo que parece natural e inevitable.


Hostilidad desde arriba
Desde la asunción de Javier Milei, la relación entre el gobierno y el periodismo ha sido de abierta confrontación. Según el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), más del 40% de las agresiones a la prensa en los primeros 100 días de gestión provinieron del propio presidente o sus funcionarios.

El cierre de la agencia Télam, las descalificaciones constantes hacia medios y periodistas críticos, y la promoción de un discurso que presenta a la prensa como enemiga del pueblo son señales de alarma que no pueden,  ni deben, ser ignoradas.

Ante este panorama, el periodismo comprometido debe reafirmarse como trinchera de pensamiento, como barrera frente al atropello institucional y la posverdad como política de Estado.


Pluralismo como horizonte
El pluralismo no es un eslogan, es una necesidad democrática. Solo una sociedad que se escucha a sí misma en su diversidad puede construir un futuro justo. El periodismo plural no es neutralidad vacía, es compromiso con la verdad, con los sectores históricamente silenciados, con los intereses de las mayorías populares.

Construir pensamiento crítico en medio del ruido no es sencillo. Pero como decía Walsh, “nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores”.

Hoy el periodismo argentino tiene la tarea de contar esas luchas, darles sentido, tejer memoria y futuro; pero fundamentalmente debe asumir el compromiso de la palabra.