SEMANA #23 | La vuelta de Cristina y la reactivación del campo popular
En ese contexto, la reaparición de Cristina Fernández de Kirchner —con su candidatura a diputada provincial en Buenos Aires— no es solo un hecho electoral: es una señal política. Una señal para el peronismo, que empieza a salir de su parálisis posderrota; una señal para los sectores golpeados por el ajuste, que vuelven a ver en ella una voz propia; y una señal, también, para el poder real, que intentó jubilarla sin éxito; aunque la justicia sobre vuela por una ficha sucia y oscura.
Pero el dato político más potente de esa reaparición no fue solo el anuncio en sí, sino lo que se desencadenó a su alrededor. A pocos días de su candidatura, Cristina se reunió en privado con el gobernador Axel Kicillof, en lo que fue interpretado como un gesto de unidad y alineamiento estratégico dentro del peronismo bonaerense. Para muchos, el encuentro marca el relanzamiento de una sociedad política que sigue siendo el núcleo más sólido del espacio nacional y popular.

Sin embargo, no todo es cohesión dentro del peronismo bonaerense. Esta misma semana, el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, anunció públicamente su intención de construir una tercera vía dentro del PJ provincial, distanciándose tanto del liderazgo de Cristina como del de Kicillof. Gray reclamó elecciones internas abiertas y democráticas para evitar que el peronismo siga siendo “una estructura verticalista donde las decisiones se toman a dedo”.
Su posicionamiento generó fuertes repercusiones: algunos lo ven como un intento genuino de oxigenar el partido, otros como una jugada funcional al oficialismo libertario. Lo cierto es que, al calor del reacomodamiento interno, el peronismo bonaerense se encuentra hoy atravesado por tensiones que expresan una disputa por el rumbo y la conducción futura.
Lejos de quedarse en Buenos Aires, Cristina que también preside el PJ Nacional, viajó a Corrientes para apoyar la candidatura de Martín “Tincho” Ascúa, en un gesto federal y estratégico. Por qué? Dicen algunos que el campo nacional no se reconstruye solo en los despachos porteños: se camina en las provincias, en las barriadas, en los territorios donde el Estado nacional está siendo arrancado de cuajo por la motosierra libertaria.
Mientras tanto, las calles volvieron a hablar. El miércoles, una multitud heterogénea —docentes, científicos, jubilados, personas con discapacidad, trabajadores de la salud y movimientos populares— copó el Congreso para decir basta. Basta de despidos, basta de hambre, basta de violencia institucional disfrazada de “austeridad”.
Ese mismo día, el Congreso sancionó con media sanción tres leyes que sintetizan lo que este gobierno intenta destruir: la seguridad social, la solidaridad previsional y los derechos de las personas con discapacidad. Tres pilares que cualquier proyecto de país digno debería proteger, no dinamitar.
La respuesta del presidente fue la que ya conocemos: veto. Veto a la democracia, al diálogo, al Congreso, a la Constitución. Veto a los débiles. Veto como símbolo de un modelo en el que solo tienen voz los mercados y las corporaciones. Vetos y Decretos: la manera de gestionar una autocracia y que un "topo" tiene para "destruir al Estado".
Y como si fuera poco, el jueves el gobierno presentó su proyecto para blanquear los “dólares del colchón”, premiando a los evasores con beneficios fiscales y amnistías vergonzosas. El mensaje es claro: ajuste para los que trabajan y privilegios para los que fugaron.
El cierre del Instituto Juan Domingo Perón —consumado el sábado con un operativo policial y detenciones arbitrarias— completa la postal de un Estado que no solo deja de garantizar derechos, sino que persigue símbolos, ideas y memorias. La detención del referente de Patria Grande es también una señal. Se produjo durante la tarde del sábado, tras un operativo de la Policía Federal que desalojó el inmueble ubicado en el barrio porteño de Balvanera, sede del ex Instituto Perón, una ocupación que fue “pacífica” y “sin orden de desalojo”, aunque el Gobierno denunció públicamente que hubo una irrupción con violencia. Rápida de reflejo, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, celebró argumentando: "se terminó el vale todo".
Frente a este escenario, la reaparición de Cristina, el encuentro con Axel y la reacción de la gente frente al Congreso, no puede leerse solo como una movida táctica. Parece ser la chispa de un proceso más profundo: la reactivación del campo nacional y popular, en un país donde la resistencia ya no es suficiente. Se necesita construcción colectiva, propuesta unificada, conducción política, tres ejes que evidencian estar en debate.
El regreso de la candidatura de CFK llega en un contexto donde las bases se están reorganizando, donde el peronismo del interior busca su lugar, donde la juventud retoma las banderas de siempre. Frente a la alianza pragmática de LLA+PRO bonaerense amerita que desde los sectores populares nazca la esperanza vuelve a hacerse verbo.
Este es el tiempo de decidir de qué lado de la historia queremos estar. O nos resignamos al saqueo legalizado, o luchamos por una Argentina tan equitativa como justa, tan inclusiva como libre y tan colectiva como soberana. “No hay destino sin proyecto”, y hoy es el momento de empezar a escribirlo.