SEMANA #24 | Cristina no está sola

El martes 11 de junio no fue un día más, como tampoco lo será el próximo miércoles 18. La Corte Suprema de Justicia de la Nación, con una celeridad inusual y aplicando el polémico artículo 280 del Código Procesal, dejó firme la condena contra Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad. En cuestión de horas, el Tribunal Oral Federal N°2 dictó la orden de detención contra la dos veces presidenta de la Nación, símbolo indiscutible del ciclo político más transformador de las últimas décadas.

La reacción popular fue inmediata. A lo largo y ancho del país, miles de militantes, autoconvocados independientes que no tienen afiliación partidaria, salieron a las calles. Matheu 130, San José 1111, Parque Lezama, Plaza de Mayo, Rosario, Mar del Plata, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Chaco, Uhuahia: la Argentina profunda, esa que no tiene lugar en los sets de televisión ni en los pasillos del poder judicial, volvió a levantar la voz con cánticos de apoyo. No fue una defensa a una persona, fue una defensa a una historia, es en defensa de la Democracia. Fue una respuesta al intento de proscripción política, es el manifiesto de una sociedad contra el "cepo al voto popular".




► La Corte como actor político

El fallo de la Corte no sorprendió. Era el paso final de una cadena de arbitrariedades judiciales, mediáticas y políticas que buscaron, desde el minuto uno, disciplinar a Cristina, y en consecuencia, amedrentar a sectores de la oposición.

Lo que indigna es la forma: el artículo 280 permite al máximo tribunal no fundamentar su decisión. No hubo revisión de pruebas ni discusión jurídica. Solo un gesto, el de Poncio Pilato: “nos lavamos las manos”. Una vez más, el Poder Judicial, con su opacidad y su impunidad, con su "fallo infame", actuó como partido judicial que se muestra adherido a la derecha de Macri que apoya a Milei y que en provincia de Buenos Aires ya tienen su nueva alianza.

La gravedad institucional del fallo judicial y la orden de detención contra Cristina Fernández de Kirchner generaron un efecto de cierre de filas dentro del peronismo, incluso entre sectores que estaban distanciados. Más allá de los matices, la mayoría coincide en rechazar la forma en que se llevó adelante el proceso y en cuestionar el rol de los cortesanos que se creen supremos capaces de cortar derechos, a costa de sostener sus propios privilegios.

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"Este no es el camino. Cuando la Justicia pierde imparcialidad y se convierte en verdugo político, la democracia se debilita. No compartimos ni la forma ni el momento. Hay que defender el Estado de Derecho".  Sergio Massa
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El llamado a la unidad del campo nacional y popular comienza a tomar cuerpo, con la movilización del miércoles 18 de junio como punto de inflexión. El escenario está abierto, pero el peronismo, por primera vez en mucho tiempo, empieza a hablar un mismo idioma y coinciden en manifestar que "defender a Cristina es defender la democracia".

Lo dijo con claridad Axel Kicillof: “Esto no es justicia, es una operación política con toga”. El gobernador bonaerense fue uno de los primeros en convocar a la reunión de urgencia del Consejo Nacional del Partido Justicialista, donde se acordó acompañar a Cristina el próximo miércoles 18 de junio en una gran movilización a Comodoro Py. Será una fecha bisagra, un punto de inflexión para el movimiento nacional y popular.


► El peronismo empieza a reagruparse

Lo que parecía imposible hace semanas, hoy empieza a tomar forma. El peronismo, que venía golpeado y fragmentado tras la derrota electoral de 2023, empieza a hablar un mismo idioma. La gravedad del escenario generó un fenómeno pocas veces visto: desde La Cámpora hasta los gobernadores del Norte Grande, desde la CGT hasta intendentes del conurbano, desde Sergio Massa hasta Juan Grabois, pasando por Guillermo Moreno y partidos satelitales al PJ que forman Unión por la Patria, todos salieron a repudiar el fallo y se plantan en defensa de la Democracia.

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""Cristina no está sola. La quieren callar porque representa lo que el pueblo necesita. El miércoles 18 vamos a estar todos en la calle. Y si quieren llevarse puesta la democracia, primero tendrán que pasar por millones de argentinos". Máximo Kirchner
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Máximo Kirchner, Pablo Moyano, Juan Manzur, Verónica Magario, Fernando Gray, Martín Llaryora y tantos otros marcaron sus diferencias pero coincidieron en lo esencial: lo que está en juego no es sólo el destino de Cristina, sino la salud de la democracia argentina.

La frase que se repite en cada encuentro militante, en cada sindicato, en cada unidad básica es clara: “Cristina no está sola”. Y no está sola porque supo construir una identidad política y social que atraviesa generaciones. Porque su liderazgo excede lo institucional: es una representación simbólica de las grandes mayorías que luchan por un país más justo.




► De la resistencia a la unidad

El desafío ahora es doble. Por un lado, impedir que la avanzada judicial se consolide como forma de disciplinamiento político. Por otro, construir la unidad del campo nacional y popular en torno a una propuesta programática y política que enfrente al modelo de exclusión y violencia institucional que representa el gobierno de Javier Milei; y tal vez se sume un tercer factor importante, la institucionalización de un frente amplio, democrático y superador a los timepos que propone una derecha que se maneja con la motosierra en mano para cortar derechos que ya habían sido conquistados. 

La consigna “Cristina 2025” empieza a circular con fuerza, más como bandera de lucha que como una estrategia electoral concreta porque la Corte, además definir el fallo para que esté en prisión, la inahibilita de manera perpetua para ocupar cargos públicos. Pero lo cierto es que la proscripción no podrá sostenerse ante un pueblo movilizado y consciente.

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"Lo que está en juego es la democracia. La sentencia contra Cristina no es justicia, es una operación política con toga. Vamos a estar con ella, en la calle, como siempre lo hicimos. No hay proscripción que borre a una líder del corazón del pueblo." Axel Kicillof
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El próximo 18 de junio, millones acompañarán a Cristina. No será una marcha más. Será la expresión viva de un pueblo contra el fallo proscriptivo, que no está dispuesto a retroceder, que entiende que defender la Democracia es defender sus propios derechos, su historia y su futuro.

Porque en la Argentina que duele, en la que se multiplican los despidos, el hambre, la violencia institucional y el desprecio por la cultura y el trabajo, la figura de Cristina aparece como el límite y la esperanza.

Y como ha ocurrido tantas veces en nuestra historia, cuando intentan proscribir a una lideresa, el pueblo responde con unidad y con calle. Porque, al fin y al cabo, la historia no la escriben los jueces: la escribe un pueblo lucha.