
LA VOZ DE OTROS :::: (DE ANÁLISIS Y OPINIÓN)
EL PRO Y EL ARTE DE LA "NECROPOLÍTICA"
Por LEONEL VIRGILLITO
Licenciado en Ciencias Políticas y Gobierno
Cuando hablamos de necropolítica no lo hacemos en los términos de la Ciencia Política moderna. Según la tradición, este es un término acuñado por el filósofo Camerunés Achille Mbembe, quien, siguiendo el conocido concepto de Biopoder de Michael Foucault, introduce esta idea relativamente nueva.
(02-10-2020)- Cuando hablamos de necropolítica no lo hacemos en los términos de la Ciencia Política moderna. Según la tradición, este es un término acuñado por el filósofo Camerunés Achille Mbembe, quien, siguiendo el conocido concepto de Biopoder de Michael Foucault, introduce esta idea relativamente nueva. El mismo, plantea que el biopoder no funciona de la misma forma en todos lados y que, por tanto, es insuficiente para explicar las relaciones de poder existentes en el tercer mundo. De esta forma, para Mbembe y otros autores que le siguieron como Marina Gržinić, la soberanía reside en el poder y “la capacidad de decidir quién puede vivir y quién puede morir”, generándose así el sometimiento de millones de personas a condiciones de vida que los asemejan a un “muerto-viviente”.
Tampoco lo decimos desde su aspecto más conocido, esto es hacer política partidaria con figuras de relevancia ya fallecidas como pueden ser presidentes o “próceres” que pertenecieron al mismo espacio o se los quiere reivindicar. Algo que en nuestro país percibimos con frecuencia, principalmente, en las figuras de Perón, Evita, Néstor Kirchner o el “Che” Guevara.
Por cierto, el último nombre mencionado nos hace necesariamente recordar que en la primera parte de “El Estado y la Revolución”, Lenin plantea que el capitalismo tiene la capacidad de convertir a los revolucionarios en figuras casi canonizadas y glorificadas que permiten consolar a las masas, mientras que se los vacía de todo contenido revolucionario. Si bien en esas líneas, el líder Bolchevique, hablaba de Karl Marx, es fácil trasladarlo a Ernesto Guevara o a otras figuras históricas.
Cuando en este espacio hablamos de “necropolítica”, tampoco hacemos referencia al planteo de Lenin. En realidad, hablamos de algo mucho más sencillo y desagradable. Hablamos de utilizar la muerte de una o varias personas públicas o anónimas, con intereses partidarios concretos o no. La muerte utilizada como herramienta para desprestigiar a alguna figura o espacio político, y/o catapultar a un partido o una persona hacia un espacio de poder. Y si existe un partido que ha sabido explotar al máximo esta herramienta moralmente cuestionable, es sin lugar a dudas el PRO.
Para comprender lo aquí planteado, debemos subirnos al DeLorean y viajar varios años atrás. Más precisamente al año 2003 cuando el por entonces presidente de Boca Juniors, Mauricio Macri, al frente del recientemente creado Frente Compromiso por el Cambio, perdía el ballotage de las elecciones porteñas contra Aníbal Ibarra quien encabezaba la alianza Fuerza Porteña en busca de su relección.
De este primer y fallido intento de Mauricio Macri para llegar a la jefatura porteña de la Ciudad de Buenos Aires, podemos destacar dos cuestiones. En primer lugar, que el ex presidente consiguió con un espacio creado ese mismo año ganar las elecciones de primer término, y consolidarse como principal fuerza opositora en la Ciudad, más allá de perder por 7 puntos en el ballotage. En segundo lugar, es interesante recordar que uno de los creadores del Frente Compromiso por el Cambio fue Juan Pablo Schiavi, quien antes de ser el secretario de transporte durante la tragedia de Once, fue el Jefe de Campaña de Macri y vicepresidente del partido que fundaron. Finalmente, se alejó del espacio en 2005.
El 30 de diciembre del 2004, apenas 3 meses después del ballotage, se produjo una de las mayores tragedias de nuestro país, el incendio de República de Cromañón que terminó con un saldo de 194 muertos y 1432 heridos. Este hecho significó el comienzo de la necropolítica llevada a cabo por Mauricio Macri que lo catapultaría años más tardes a la jefatura de gobierno porteño.
El 1 de marzo del 2005, mientras Ibarra inauguraba el año legislativo, paralelamente, Macri aseguraba en una entrevista que el jefe de gobierno debía hacerse cargo por lo ocurrido en Cromañón: “si a mí me paso eso, trato de resolverlo en 90 días y después me voy a mi casa”- dijo. De más está decir que en las elecciones legislativas de ese año, ya bajo el sello del PRO, Mauricio Macri obtuvo un rotundo triunfo que le permitió incorporar 6 diputados nacionales por la ciudad, él mismo entre ellos. El 14 de noviembre del 2005, apenas 3 semanas después de las elecciones, se suspendió a Ibarra de su cargo, y el 7 de marzo del 2006 por medio de un juicio político fue destituido.
La maquinaria de la necropolítica ya estaba funcionando, y con ella se veían los primeros resultados para el PRO. Aníbal Ibarra, que gozaba de una imagen positiva alta y habiendo sido recientemente reelecto, en pocos días perdió todo su caudal político y terminó destituido. De esta forma, un año después, Macri llegaba a la tan ansiada jefatura de gobierno porteño con casi el 61% de los votos, derrotando en ballotage al candidato del Frente para la Victoria, Daniel Filmus. Pero esta, no sería la última vez que veríamos a la necropolítica en todo su esplendor.
Ocho años después de Cromañón, casualmente a unas pocas cuadras, se produjo otro lamentable y recordado hecho, la Tragedia de Once. Aquel 22 de febrero de 2012 muchos argentinos se despertaron con la noticia de que un tren de la línea Sarmiento había chocado con los paragolpes de contención en la plataforma número 2 de la estación Once. En este suceso fallecieron 51 personas y 789 resultaron heridas.
Ante semejante tragedia la utilización política-partidaria no se hizo esperar y nuevamente la necropolítica era utilizada por el PRO y los medios amigos o patrocinadores. Es que si bien los medios todavía no sabían el saldo que había dejado el choque, sí tenían en claro que el mismo se había producido por culpa de la corrupción y que por tanto tenían responsabilidad política, no sólo el secretario de Transporte sino la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Estaba claro que querían replicar la suerte de Ibarra luego de Cromañón.
Los medios de comunicación titularon: “la corrupción mata”, y el PRO le sacó todo el rédito político posible. Apuntó contra el gobierno como responsables principales de lo sucedido, Macri se reunió con los familiares de las víctimas, posteriormente dijo que se debía hacer un monumento en conmemoración a las víctimas, e incluso sumó a sus filas a la madre de uno de los jóvenes que perdiera su vida en Once, María Luján Rey, actualmente diputada nacional por Juntos por el Cambio que continúa pululando por los medios acusando a la actual vicepresidenta de ser responsable política de la muerte de su hijo y de las otras 50 personas.
La causa judicial a cargo de Claudio Bonadío, que tuvo algunos enfrentamientos con el fiscal Delgado, dejó varios detenidos, entre ellos el ex Secretario de Transporte de la Nación hasta 2009, Ricardo Jaime, el Ex Ministro de Planificación Julio de Vido, e incluso al ex amigo del Mauricio Macri, Juan Pablo Schiavi que al momento del choque era el Secretario de Transporte.
Antes de desarrollar el siguiente hecho utilizado por el PRO, es importante remarcar algo que ya dejamos vislumbrar en los párrafos anteriores, es decir, la necropolítica nunca hubiera sido efectiva sin la colaboración de los medios hegemónicos de comunicación. Los medios instalan el tema, lo magnifican, ponen el título, y el PRO les saca provecho tirando más leña al fuego, apuntando contra funcionarios, recorriendo todos los medios amigos y presionando tanto política como judicialmente con varios operadores que actúan sobre todo en Comodoro PY.
Retomando el hilo de lo planteado, vale recordar otro caso emblemático que activó el juego de la necropolítica, el famoso Triple crimen de General Rodríguez. El caso con claros vínculos con la efedrina, ocurrió en agosto del 2008, pero cobró reales dimensiones políticas a una semana de las elecciones del 2015 cuando en el programa Periodismo para Todos, Jorge Lanata presentó el testimonio de Martín Lannata afirmando que el responsable político de las muertes era Aníbal Fernández, “la Morsa”.
Nuevamente el PRO utilizaba la muerte como catapulta política. En este caso beneficiando a María Eugenia Vidal que hasta ese momento venía corriendo de atrás en las encuestas, y con esto consiguió el impulso necesario que la depositó en la Casa de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Tan marcadas están las manos, del ya por entonces Cambiemos, en la operación “La morsa” que Martín Lanatta brindó su declaración al programa PPT en la propia casa de Elisa Carrió, la protectora de la República, que ya había anticipado: “voy por Aníbal. Me lo llevo puesto esta noche con Lanata”. Necropolítica y Lawfare, combo ganador.
Pero si hubo un caso emblemático de necropolítica en nuestro país, sin lugar a dudas, fue el de la muerte del fiscal Alberto Nisman. Nisman, que meses antes había denunciado, entre otros, a Cristina Fernández de Kirchner y el ex Canciller Héctor Timerman por encubrimiento en la causa AMIA, fue hallado muerto en su baño con un tiro en la cabeza, el 18 de enero de 2015. Por la magnitud de este hecho no son pocos los que afirman que ese día, Macri empezó a ser presidente.
Quizás muchos recuerden el bombardeo mediático buscando responsabilidad del gobierno de Cristina Kirchner en la muerte del fiscal. Quizás también recuerden como varios miembros del PRO desfilaban 24/7 por todos los canales pegándole al gobierno y hablando de impunidad, principalmente Patricia Bullrich y Laura Alonso. Lo que tal vez no se recuerde tanto, es que al otro día de que se encontrara el cuerpo de Nisman, Mauricio Macri dio una conferencia de prensa con tono proselitista que culminó diciendo, “Les pido a los argentinos que no nos gane ni el miedo ni la resignación. Nosotros vamos a poder con esta violencia, nosotros vamos a terminar con esta violencia. Juntos lo vamos a lograr. Lo merecemos y lo sabemos y estamos convencidos de que lo podemos hacer”.
Un mes después, se produjo la multitudinaria “Marcha del Silencio”, convocada por fiscales de todo el país exigiendo justicia. En la misma, además de los familiares de Nisman y los convocantes, participaron varios dirigentes políticos opositores, como Mauricio Macri, Elisa Carrió y Sergio Massa. Con la muerte de Nisman, hubo necropolítica para todos y todas. La utilización de la muerte excedió al PRO y prácticamente no había dirigente opositor que no intentara llevar agua para su molino en un año electoral tan importante como lo fue el 2015.
Obviamente los medios de comunicación no se quedaron atrás con la utilización política de la muerte del fiscal, y como si de necromancia se tratase, lo revivieron y pusieron en sus tapas o en la boca de sus principales periodistas, la cantidad de veces que consideraron necesario y oportuno para golpear y debilitar al kirchnerismo, incluso cuando ya no estaban en el gobierno. Obviamente, esto era una estrategia para penetrar en la subjetividad de la población y convencerlos de que Nisman fue asesinado, aunque al día de hoy no existan pruebas concluyentes que lo confirmen, y dejar siempre flotando en el aire que la responsabilidad fue de Cristina Fernández de Kirchner. Por ello leímos en múltiples carteles y escuchamos de la boca de tantos manifestantes enojados, “Todos somos Nisman”.
La necropolítica fue utilizada con tanta efectividad y en tantas ocasiones por el PRO y los medios hegemónicos que se ha logrado efectivamente construir subjetividad, y que buena parte de la población esté convencida de que el kirchnerismo está compuesto por un grupo organizado de asesinos, que se mantuvieron en el poder eliminando de las formas más espectaculares posibles, cuanto obstáculo se encontraron. Recordemos al famoso comando venezolano-iraní entrenado en Cuba que mencionó Clarín en una nota y varios todavía repiten.
Tan efectiva ha sido esta construcción que dentro de la militancia o votantes de Cambiemos se suele repetir que el kirchnerismo mató a otras personas por cuestiones políticas. Entre ellos se menciona a Jazmín de Grazia, que apareció muerta en 2012 en su casa y que, según estas descabelladas teorías, el responsable fue Aníbal Fernández. O el periodista Juan Castro que murió en 2004 y que supuestamente fue asesinado a pedido de Cristina Kirchner. Otras versiones hablan de que una chica que “incomodó” a la ex presidenta con una pregunta en la Universidad de Harvard y un año después murió atropellada por un colectivo, también fue silenciada por la actual vicepresidenta. En fin, podemos seguir mencionando y engrosando la lista necrófaga, si incluso hoy existe gente convencida que el ex presidente Néstor Kirchner fue asesinado por su propia esposa.
De hecho, esta idea de una Cristina Fernández de Kirchner como asesina serial ha trascendido la frontera hasta llegar a Miami. Más precisamente al programa del escritor Jaime Bayly que dio por cierta la delirante versión de una invitada llamada Deseret Tavares, supuesta vidente, quien afirmó que la ex presidenta mandó a hundir al ARA San Juan, ya que ellos habían visto como se llevaba el dinero robado en otro submarino.
Volviendo al PRO, devenido en Juntos por el Cambio en la actualidad, debemos señalar que continúa utilizando la necropolítica como herramienta de construcción de sentido y de profundizar “la grieta” para debilitar al gobierno y obtener rédito partidario de cara a las elecciones del año que viene. De hecho, en enero de este año, a menos de un mes de dejar el gobierno, convocaron otra vez a una marcha exigiendo “justicia por Nisman”.
El 4 de Julio, a pocas horas después de la aparición sin vida de Fabián Gutiérrez que supo ser secretario de Cristina Fernández hasta 2010 y que declaró en la causa Cuadernos, Juntos por el Cambio compartió un comunicado afirmando que "El secuestro, desaparición y asesinato de Fabián Gutiérrez, que en 2018 confesó ante la justicia haber sido testigo de los circuitos de corrupción del kirchnerismo, es un crimen de la mayor gravedad institucional". Otra vez, sin ningún tipo de respeto a la víctima y los familiares, el PRO estaba nuevamente haciendo gala de la Necropolítica, pero esta vez con una velocidad realmente sorprendente.
Si bien es cierto que la operación se desactivó bastante rápido y a los pocos días Juntos por el Cambio ya no insistía con la teoría de la responsabilidad política en el asesinato de Gutiérrez, la realidad es que el daño ya estaba hecho. Nuevamente el macrismo y los medios lograron sembrar la duda en buena parte de la población que hablan de Gutiérrez como “el nuevo Nisman”.
El caso de Gutiérrez dejó al descubierto la estrategia necropolítica de Juntos por el Cambio. Es su herramienta política favorita para construir sentido y poder. Esto se debe a que su utilización siempre les brindó frutos y que por tanto no dudan en recurrir a ella sin reparar en lo más mínimo en las víctimas o sus familiares, que deben soportar una y otra vez este manoseo.
Con estos antecedentes, no podemos hacer otra cosa más que dar por hecho que pronto veremos cómo intentarán sacar provecho electoral de los miles de muertos por el Covid-19, aunque el propio Macri fue quien aseguró que “el populismo es más peligroso que el Coronavirus” e incentivaron cuanta marcha pudieron. Estamos a un año de las elecciones y el macrismo no dudará en desplegar su destreza en el arte de la necropolítica. Tan sólo resta esperar qué tanta efectividad tendrán esta vez.
FUENTE: NUESTRAS VOCES